martes, 22 de abril de 2008

Palabras mortales

Las almas cándidas acostumbran a manejar sentencias como "el pensamiento no delinque" o "las palabras no matan". Un viejo republicano solía refutar estas tesis recordando que hay al menos tres palabras de las que existe constancia cierta de su poder de aniquilación: "Carguen, apunten, fuego".
Pero, más allá de la orden que habitualmente imparte el oficial al batallón de fusilamiento, hay muchas otras palabras capaces de cargarse a la gente. Sólo hay que echar un vistazo a ese infumable libro titulado Mi lucha, de un tal Adolfo Hitler, que sirvió de excusa inicial al exterminio de los judíos. O releer las sentencias de muerte que firmaba Franco mientras, como decía el gran Umbral, se tomaba un soconusco. Por no hablar de la palabrería con la que Stalin y sus colegas enterraron en Siberia a media Rusia.
Nos enteramos ahora de que un problema con los teclados de los teléfonos móviles ha provocado en Turquía un galimatías de tal calibre que concluyó con el asesinato de una joven y el posterior suicidio de su ex pareja. Y es que en turco, un simple punto sobre una i puede transformar la expresión "cuando te quedas sin argumentos" en "cuando te follan". Nada menos. Y así ocurrió en un mensaje que un hombre envió por móvil a su ex. El tipo quería criticar la carencia de argumentos de su antigua pareja y, al faltar la letra adecuada en el teclado del teléfono, aludió sin pretenderlo a su agitada vida sexual. La familia de la chica, airada, arremetió contra el ex yerno, que en la trifulca liquidó a su ex mujer. El joven, arrepentido, posteriormente se suicidó en prisión. Todo por un punto sobre la i.
Hay palabras que las carga el diablo.

2 comentarios:

Félix Soria dijo...

Se nota, y mucho, que trabajas con las palabras.
La expresión "carguen, apunten, fuego" es "maravillosamente" descriptiva.
Pero, ¿qué ocurre con las palabras que no pronunciamos?, ¿dónde se esconden los pensamientos que no exteriorizamos?
Las palabras que no pronunciamos por cobardía o por comodidad son las que más me gustan.
Errores --¿fue un error?-- como el del turco constituyen, quizá, la venganza de las palabras silenciadas y de los sonidos transformados (como el del ¿ingenuo? turco).

Luis Pousa dijo...

Amigo Félix, gracias por el comentario y por el enlace. Seguiremos jugando con las palabras.